12.10.06

HISTORIA 1/4



Nosotros en realidad no lo buscábamos.

A mí me encontró en mi cama, tirado mirando el techo, justo cuando la pelota que acababa de salir de mi mano volvía a su lugar. Creo que me dijo algo pero no le entendí. Si se fue no me di cuenta, y no lo volví a ver, por lo menos en persona.

Sería perfecto y encantador que yo hubiera entendido todo ese mismo día, o que ahora mismo lo entienda, lo único que me tranquiliza es que no me visitó sólo a mí. Igual es una tranquilidad a medias, o a cuartos.
La verdad no la sabemos, ya lo dije. O sí. Cada uno cree algo distinto, y tiene recuerdos tan disímiles que a veces dudo que hablemos de lo mismo. Tampoco nos ponemos de acuerdo en cual es la forma de retribuirle su existencia.

Que vino desde el agua y más precisamente de una isla (o de varias) no se discute. Sólo tenemos un nombre, sólo uno:
A T O L O N D E M O R O R O A. A veces nos olvidamos y creemos que ese nombre es él. Pero es un lugar, es “el” lugar.

Una hipótesis, a la que me adhiero, es que quien nos vino a buscar no es él, sino un enviado, que habita y cuida el atolón. Acá les dejo un retrato de ésta persona, que sin verla puedo tener certeza de que es tal cual se las he dibujado. Eso sí, mis amigos pueden no pensar lo mismo.

2 comentarios:

a dijo...

para mí fue igual, pero distinto.
no lo entendí, pero no me importó.
no tenía preguntas, pero quería saber por que me eligió a mí... a nosotros.

valentina dijo...

che, ta bueno el blog